Dios padre sus miles de mundos
mece sin ruido.
Sintiendo su mano en la sombra
mezo a mi niño.
(Gabriela Mistral, meciendo, 211)
En este poema
Gabriela Mistral hace una comparación entre el amor que Dios tiene para cada una de sus creaciones y el de las madres para
con ellos.
Voy a enfocarme en el segundo y cuarto verso donde
vemos que Dios y la mamá están meciendo a algo. El autor pone a la mamá a la par
de Dios, efectuando la misma acción como el todopoderoso. La mujer cuida y ama a su
hijo, la creación que hay dentro de ella, de igual manera que Dios cuida y ama sus creaciones.
Sin embargo Gabriela hace la comparación mostrando la importancia de la mamá entre las
creaciones de Dios. Las sílabas van 8, 5, 8, 5, la musicalidad o ritmo del
poema se asemeja como si la madre arrullara o meciera a su hijo. Se siente la importancia de este amor de la mamá y
como lo compara con el amor de Dios, mientras ella mece a la vez con
Dios.
Todo esto me hace reflexionar lo que han dicho
muchas veces los líderes de la iglesia en la conferencia general sobre el amor de las
madres. “El amor de una buena madre se aproxima más al amor de Dios que cualquier otra
clase de amor.” En esta oración se compara el amor de Dios, ya que nos proporciona la
salvación, al igual que el amor de una mamá. Es asombroso ver que el amor que una
madre tiene para su hijo puede ser comparado con el amor que Dios tiene para
salvarlos. Este video me acuerda el amor
que mi madre tiene por mí, siendo que es un
sentimiento como ningún otro, al igual que el amor de Dios.
Claro Dios es el todopoderoso que tiene creaciones
sin límite y la mujer es un ser humano; Dios ha tenido miles de mundos y ella nada
más este niño pequeño, pero ambos comparten el mismo amor.
Así vemos que el amor de Dios, el cual aprendemos
en la iglesia puede ser transmitido a través de nuestras madres quienes nos enseñan
como reconocer mejor el amor de Dios
.


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